PAISAJES

 

El Palmetum es más que un vertedero recuperado y más que un jardín botánico con plantas importantes: posee paisajes espléndidos, conseguidos mediante un diseño de jardines elaborado y mejorado durante años. La montaña tiene estupendas vistas al mar y a la ciudad, cuenta con dos lagos unidos por un riachuelo, tres cascadas y bellos rincones decorados con inmensas rocas volcánicas.

Desde el comienzo se eligió un estilo de diseño natural, y el reto fue “crear los paisajes más informales y naturales en la montaña más artificial del mundo”. La mayoría de la superficie se fue plantando con vegetación capaz de alcanzar gran porte, que tardaría décadas en desarrollarse. El esfuerzo fue inmenso y el Palmetum se comenzó a plantar en 1997  y se siguieron ajardinando nuevos sectores durante casi 20 años.

La mayor parte de las especies en la colección se planta en grupos con el objetivo de conseguir el efecto de “poblaciones naturales” que recuerden la apariencia que tomarían en estado salvaje. Toda la superficie más llana de la colina está coronada por un seto mixto de árboles cortaviento, que protege el jardín botánico de los frecuentes vendavales de invierno.

El parque se divide en secciones biogeográficas, para representar las floras de las distintas regiones del planeta. Muchas contienen una cascada, río ó lago, decorados con rocas naturales, lomas suaves, hondonadas ó miradores hacia el mar. En las secciones más extensas se han creado distintos ambientes, más secos y soleados o más sombríos. Por ejemplo la sección de Madagascar, además de rocallas desérticas alberga un amplio césped y el lago mayor. En varios puntos del parque se han creado pequeños espacios encharcables para el cultivo de palmeras de pantano, como Raphia, Nypa y Metroxylon.

El octógono tiene una división aproximada Nuevo Mundo – Viejo Mundo y es un espacio parcialmente cerrado que se desarrolla sobre dos niveles. Es densamente decorado con rocas, cascadas y riachuelos. Una de sus cascadas, de prismas de basalto oscuro, sirve de escalera para ir de un nivel a otro.

En los taludes que dan hacia la ciudad se ha ubicado la sección de flora canaria, por un criterio de “canariedad” frente a la ciudad. Ésta, con 11.500 m2 el mayor jardín de flora autóctona en Santa Cruz.

El Palmetum es grande, ha tenido un desarrollo complejo y no tiene un solo autor, sino que varios técnicos se encargaron del diseño del paisaje.Los ingenieros del primer proyecto decidieron los trazados de los viarios principales, la ubicación de los edificios, de los lagos y del mirador del Caribe. Eran los ingenieros de caminos Jose Luís Olcina y Juan Alfredo Amigó y los ingenieros agrónomos Manuel Caballero y José Timón. Carlos Simón, licenciado en Bellas Artes, actuó durante los primeros años (1997-1999) y determinó el estilo que distingue el Palmetum. Carlos diseñó las cascadas y los otros trabajos en piedra del octógono. Plantó las primeras especies en las secciones dedicadas a Australia, Mascareñas, Sudamérica, África, parte del Caribe, de Madagascar y de Indochina. Carlo Morici, biólogo, plantó luego miles de ejemplares entre 2000 y 2014, proyectó los miradores de África, Asia y Pacífico, y las secciones de Hawai, Melanesia, Nueva Caledonia, Nueva Guinea, Borneo, parte del Caribe, de Indochina. También fijó la división total de la montaña en secciones geográficas. Merecen mención las aportaciones de otras personas, como Paco Álvarez, arquitecto paisajista, planteó la instalación de un ascensor con puente en el edificio de entrada y diseñó el logotipo hoy presente en muchos elementos del parque.  Juan Peña, jardinero, colocó numerosas rocallas menores en la sección del Caribe entre 2008 y 2010. La ingeniero agrícola María Flores diseñó en 2014 el jardin exterior de la entrada del Palmetum.

Por último, el diseño de los edificios es obra de los ingenieros Olcina y Amigó. Para el edificio de la entrada y la fachada del museo se inspiraron en el estilo del conocido arquitecto canario César Manrique, muy presente en el cercano Parque Marítimo.